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viernes, 2 de abril de 2010

LOS ALUXES Y CLARICAUNS


Entre los duendes más conocidos y respetados del subcontinente norteamericano, más precisamente en México, de donde son originarios, se encuentran los aluxes, distribuidos particularmente en el territorio que fuera dominio maya, conocido como "El Mayab", que abarcaba la península del Yucatán y todo el sur de México, extendiéndose hasta gran parte de los vecinos países de Bélice y Guatemala.


Al igual que la mayor parte de los duendes, los aluxes son de una estatura muy baja, pero, en cambio, están perfectamente proporcionados y sus facciones y el color de su tez, tanto en los hombres como en las mujeres, son muy similares a las de los nativos de la región. Su comportamiento con los seres humanos es cordial, aunque en ocasiones ponen trampas o juegan bromas pesadas a los que se atreven a cruzar por sus dominios.
Acerca del origen de los aluxes, una leyenda difundida en todo el Yucatán, especialmente en la región de Uxmal afirma que: …en una época inconcebible para el hombre, se produjo una terrible contienda entre una poderosa diosa benévola, de nombre Yaxchel, y un demonio maligno llamado Tixmahuac, que quería imponer su tiránica voluntad al Universo entero. En una terrible batalla, que duró eones, logró derrotarlo y matarlo, liberando de esa forma a los aluxes, a quienes Tixmahuac tenía como esclavos.
En agradecimiento por haberlos liberado, los duendes le ofrendaron a la diosa un huevo gigante, al cual ella cuidó e incluso incubó con el propio calor de su cuerpo. El proceso siguió su curso, y a los veintiún días surgió del huevo una extraña criatura, que parecía una copia diminuta de un hombre. Yaxchel, la diosa, lo adoptó como un hijo, esperando que creciera, pero el niño conservó por siempre el aspecto y el tamaño con los que había nacido.

LOS CLURICAUNS
La creencia más difundida en el sudoeste de Irlanda es que los cluricauns, como los llaman en Munster, no son otros que los lepracauns cuando, al finalizar sus tareas de zapateros, salen a festejar desenfrenadamente, emborrachándose con el whisky que roban en las tabernas y plantas destiladoras, tras de lo cual salen a cometer otras tropelías tales como correr carreras montados en ovejas, chivos y hasta perros y ponyes, a los que devuelven luego a sus establos derrengados y casi muertos de agotamiento.

Un ejemplo de estos desmanes es lo que le sucedió a John O’Shea, un poderoso terrateniente del condado de Kerry, cuyo orgullo por su heredad era sólo superado por e/ que sentía por su bodega, la más completa cíe la región. Sin embargo, John O’Shea era desafortunado, pues no podía conservar un solo criado, debido a las frecuentes correrías efe un cluricaun de nombre Diussberú (lit: "el que roba"), que se divertía asustando a muerte o la servidumbre apareciéndosele de repente colgado de las vigas del techo y gritando como un alma en pena. Pero lo peor de todo ero que, luego de emborracharse, salía a montar los animales de corral, muchos de los cuales morían a causa del esfuerzo.

Largos años tuvo que soportar O’Shea las correrías del duende, y hasta pensó en mudarse a otra región, pero el abusador cluricaun lo amenazó con seguirlo y con otros tormentos peores, hasta que el hombre se resignó a su suerte y le permitió instalarse definitivamente en su bodega, autorizándolo a que bebiera cuanto quisiera.

Sin embargo, Diussberú tuvo en su pecado su propia penitencia, pues de allí en más el terrateniente decidió no reponer sus existencias de whisky y, al morir el amo pocos años después, la bodega ya se encontraba casi vacía y no había, en muchas millas a la redonda, ninguna que se le pareciera. Así que, al poco tiempo de terminarse definitivamente el whisky, el cluricaun moría a su vez por la falta del, para él, imprescindible elemento.



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