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miércoles, 1 de junio de 2011

Leyenda de 'El Forajido'Leyendas de Celaya. Historia que trasciende’, Elizabeth Richard y Rebeca Becerra

Cuenta la leyenda que el 24 de octubre de 1758, un pobre hombre huía de la justicia desde la Ciudad de México.

Al pasar por Calpulalpan, hambriento, atemorizado y con mucho frío, empezó a renegar de su negra suerte, pues en aquella época era común que castigaran a los indígenas como él, sin realizar una averiguación previa.

Desesperado, el hombre se arrancó un rosario que traía colgado en el cuello y en ese momento le vendió su alma al diablo.



Con la seguridad de estar poseído por el demonio, el indígena caminó y caminó hasta llegar a San Juan del Río, y desde ese momento en adelante vio cómo el demonio lo perseguía sin detenerse, convertido en una hermosa mujer.

Esa ‘mujer’ le exigía que tirara el escapulario que se había dejado en el cuello. Al llegar a Apaseo el Grande, la insistencia de la mujer aumentó, hasta que el hombre se vio obligado a obedecerla; luego de esto, perdió el conocimiento.

Cuando el indígena abrió los ojos, se dio cuenta de que estaba en Celaya y lo primero que hizo fue acudir al Templo del Carmen para pedir un rosario y un escapulario al primer padre que se encontró, a quien también le contó su aterradora historia.

Al día siguiente, el hombre regresó al templo y preguntó por el padre que lo había atendido y le había dado el rosario y el escapulario, pero nadie supo decirle dónde estaba o quién era.

Incluso, llamaron a todos los sacerdotes para que el forajido reconociera al padre con el que había hablado, pero ninguno de los que estaban era el indicado.

El indígena mostró entonces el rosario - que era de cuentas pequeñas- y los sacerdotes lo reconocieron. Extrañados, le aseguraron a aquel hombre que ese rosario pertenecía a Fray Diego de la Asunción, quien había fallecido hacía ya mucho tiempo.

Consternados, le pidieron al forajido que hablara con la verdad y dijera de dónde había sacado el escapulario. El hombre no cambió su versión; aseguró que una mujer lo había seguido hasta ahí y que un sacerdote le había entregado los objetos.

Esta historia dejó a la comunidad de religiosos con una gran duda y angustia, pues se comprobó que el rosario era de un muy amado sacerdote que había muerto en olor de santidad.

Por mucho tiempo, los padres del convento vivieron con dudas y sobresaltos ante el suceso del que fueron testigos; y es que el cuerpo del padre fue enterrado dentro del Templo del Carmen y su féretro nunca fue abierto.

Se sabía que el rosario fue puesto dentro del ataúd del sacerdote, por lo que les parecía imposible que apareciera en las manos de un indigno forajido al que -incluso- acusaron de ultrajar tumbas.

Cuenta la leyenda que el sacerdote que le dio los objetos al forajido se aparece aún en el convento para ayudar de una u otra manera a los carmelitas que viven ahí.

*Tomada del libro ‘Leyendas de Celaya. Historia que trasciende’, de Elizabeth Richard y Rebeca Becerra.



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