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jueves, 16 de junio de 2011

La boda irreal Juan José Lara

La boda irreal
Angélica no acudió a su boda. Vanos resultaron los preparativos: el fino vestido de organdí, las argollas italianas, la pompa floral de la iglesia, el programa dionisiaco del Club, que el ingeniero Dickens el novio, con tanto esmero había ultimado.

El no la había conocido en el exclusivo círculo que frecuentaba, sino en las proximidades de la finca que poseía. Angélica era una muchacha fragante, esbelta, inquieta como un gorrión y, sus rústicos vestidos apenas contenían, el ímpetu de su juventud.


Debido a que el novio le doblaba la edad, y tenía un divorcio que le dejó como cauda tres niños. Doña Graciela la madre de Angélica, consultó al cura sobre el buen o mal proceder de la boda de su hija. El religioso acomedido se ofreció a hablar con la novia para hacerla reflexionar.


Sin embargo, los preparativos del enlace continuaron, hasta la fecha perentoria, cuando Angélica por alguna razón no se presentó a la ceremonia.

Los padrinos, en medio de la batahola de los concurrentes, intentaban consolar al novio con el ardid de que Angélica debió haber enfermado y, le aseguraban que después, estaría bien. La madre de esta, lloraba inconsolablemente, explicando entre sollozos, que su hermana se había ofrecido a llevarla a la iglesia, pero algún percance podía haberles ocurrido en el trayecto.


Los pajecitos que debían preceder a los novios, se mordían las uñas, se despeinaban y tarareaban nerviosos en coro.

A quien no se le vio por ningún lado fue al cura consejero.
Juan José Lara.freudenelparquemexico.blogspot.com/



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