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domingo, 12 de junio de 2011

La pistola y el hada verde Pierre Loutrel

La absenta es la bebida de los poetas y el plomo el argumento de los que no manejan mucho vocabulario. Ambos recursos son elocuentes pero históricamente reñidos con la razón y cuando se mezclan engendran al monstruo. La absenta se compone de la Hierba Santa de Artemisa, de la flor del hinojo y de la esencia del anís y los franceses la llamaban la 'Fée Verte', el Hada Verde, y decían que robaba a los hombres su voluntad.

El Hada Verde llevó a la tumba a Modigliani y convenció a Van Gogh para que se cortase la oreja en la que generalmente se lleva apoyado el lápiz para regalársela a una pupila de nombre Raquel que atendía en una casa de tratos de Arles. El plomo es el sofisma perfecto, el razonamiento que demuestra sin fisuras que es verdadero lo que es falso; el plomo le dibuja ángulos rectos a un círculo sin despeinarse y le gana una discusión de física a Einstein y otra de fútbol a Di Stéfano. Por goleada. Oscar Wilde decía que la absenta es como el ocaso, y la boca negra de una pistola es oscura como la noche y cuando dice no admite réplica. Pierre Loutrel conoció al Hada Verde en el puerto de Marsella y jamás dejó de pasear de su brazo. El Hada Verde le hablaba al oído. El atajo del plomo y la violencia se lo enseñaron en los terribles batallones de castigo de la infantería ligera de África, en los 'Bat'd'Af' (Bataillon d'infanterie d'Afrique) destacados en Túnez y Argelia y a cuyos fortines en el desierto los llamaban las Sucursales del Infierno.
Pierre Loutrel nació en 1916 en Château du Loir, en el departamento de Sarthe, cerca de Le Mans, en donde faltaban siete años para que se corriesen los campeonatos de resistencia. Su familia tenía hacienda granjera, se levantaba con el canto del gallo y vivía en la decencia de la burguesía pueblerina, pero Pierre no amaba la tierra y prefirió el mar. Con quince años se embarcó de grumete en una línea de cabotaje y vio el mundo, que no se sabe si le gustó, y cuando recaló en el puerto de Marsella conoció en un tugurio al Hada Verde, que le quitó las ganas de sal.
En tierra firme empezó a vivir del robo y del porcentaje de las descarriadas y se acostumbró a la sombra y al puñal hasta que, inevitablemente, acabó entre rejas en el penal de Baumettes. Terminó la condena en Tatauine, en el sur de Túnez, alistado a la fuerza en los Batallones de Infantería Ligera de África, a donde iban a parar los militares refractarios a la disciplina y los presos que no habían hecho la milicia. Allí aprendió a no arrugarse en las pendencias a cuchillo y a no observar piedad con el vencido y se ganó la fidelidad eterna del boxeador Jo Attia, que tenía sangre mora. Comprendió también la razón incontestable que otorga situarse en la parte saludable de una pistola.
Traidor y héroe
Cuando se licenció puso un hotel nimio en París que era fonda de peristas y se amancebó con Marinette Chadefaux, que había hecho la farola y era adicta a la morfina. Una tarde vio desfilar a los alemanes por los Campos Elíseos al paso de la oca y consiguió que le alistasen en la 'Carlingue', la Gestapo francesa, que se nutría de hampones locales para usarlos como policías auxiliares, un eufemismo para designar a una brigada de matones, oportunistas y soplones al servicio del Tercer Reich. Hasta el diablo se sirve de los parias para que le barran el patio.
Durante dos años vivió de la traición a bordo de un Citroën de quince caballos descapotable y abusó del plomo y de la absenta, dirigió el mercado negro en los burdeles de Pigalle y apioló a tiros de Walther P 38 a los que le estorbaban la calle diciendo que eran miembros de la Resistencia. Cuando los aliados desembarcaron en Normandía comprendió que el baile lo iba a tocar otra orquesta y se trasladó a Toulouse, en donde puso su pistola al servicio de la red Morhange, de la Francia Libre, se hizo llamar Teniente de Héricourt y se aprendió La Marsellesa. Por conveniencia dejó de ser Judas para ponerse el gorro frigio de Marianne y acabó la guerra vestido de héroe de la 'Résistance'. Sin embargo seguía siendo un ladrón y un asesino y el Hada Verde le dijo que era inmortal.
En 1946 organizó un grupo de veteranos de los 'Bat'd'Af' entre los que estaba su viejo compadre de Tatauine, el boxeador moro Jo Attia, y formó la Banda de la Tracción Delantera, que se especializó en golpes relámpago y huidas vertiginosas a bordo de coches preparados. Se llevaron tres millones de francos de un furgón blindado del Crédit Lyonnais, ocho de un coche correo en la estación de Lyon y siete de la Compañía del Gas de Niza.
Loutrel alcanzó celebridad canalla y no se sujetó a un plan de pensión, derrochaba la ganancia en los tinglados de Pigalle, en bellas del cabaret y noches de champán. Una noche en París sedujo a Martine Carol, que iba camino de convertirse en la musa del cine francés, la amó en un hotel de lujo de los Campos Elíseos y le regaló rosas cuando se fue. Empezó a vivir en una borrachera perpetua, sin intermedios de resaca, mató a un hombre en Marsella durante un atraco que no debió tener final siniestro y le empezaron a llamar Pierrot el Loco.
Descuidó la planificación de los golpes y se confió a la pistola violenta, el Hada Verde estaba con él, pero su cuadrilla le abandonó por loco. Le guardaron fidelidad el moro Attia, Henri Fefeu y Boucheseiche, camaradas de África. Loutrel nunca le dijo a Attia que había servido a la Gestapo, Attia había pasado por el campo de concentración de Mauthausen. A Henri Fefeu le cogieron los gendarmes y le dieron lo suyo pero no cantó y en la enfermería le lamió los esputos a un tuberculoso y contrajo la tisis. Así eludió la guillotina, mantuvo la cabeza sobre los hombros y murió escupiendo sangre. Pierrot el Loco conducía trompa, veía doble y era inmortal, el Hada Verde se lo había dicho al oído pero le engañó.
Pierrot el Loco
En noviembre de 1946 Loutrel asaltó una joyería en la calle Boissière de París, entró con dos pistolas y una tajada de campeonato y le pegó un tiro en la barriga al propietario. Mucho ruido para un poco de quincalla.
Attia conducía y Boucheseiche cubría la zaga y Loutrel, como una cuba, se pegó un tiro a sí mismo al meterse en el cinturón su pistola Browning del 11, 43. La bala le entró por la vejiga y le salió por el trasero. Sus compadres consiguieron que le cosiese un veterinario por el camino y robaron una ambulancia pero Pierrot el Loco murió antes de llegar a su refugio de Porcheville. Attia y Boucheseiche le dieron tierra en una cuneta, puede que uno de los dos dijera unas palabras sobre los viejos tiempos, sobre los ocasos rojos de Túnez, o puede que no dijeran ni pío. La policía tardó cuatro años en encontrar el cadáver y lo identificaron comparando su calavera con las fotos de su ficha. Antes, solo su vieja novia Marinette Chadefaux, que había hecho la farola y era adicta a la morfina, se interesó por su salud. Corrió los tugurios de Pigalle diciendo que fueron sus propios compañeros los que finaron a Pierrot el Loco.
Una noche la fue a buscar Boucheseiche y le dijo que la llevaría a ver la tumba de su amado. Por el camino le contó la historia del último atraco torcido. Marinette no se la creyó y le llamó asesino. Boucheseiche la apeó en un arcén y la mató de un tiro en la nuca. A la pobre Marinette Chadefaux, que había hecho la farola y era adicta a la morfina y amó, hasta el último día, a Pierrot el Inmortal.
«Nacida entre la sangre, la historia de la banda de la Tracción Delantera acaba tal como empezó: rodeada de demencia y asesinatos».

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