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viernes, 3 de junio de 2011

¡El duende!



Una de las anécdotas e historias que más me gustaba cuando era niño, y contaba por mis abuelos y mayores, era la del Duende.


Los duendes son seres elementales de la naturaleza, guardianes de los bosques y de todos los seres vivos que habitan en ellos, originarios de la mitología celta y nórdica, estos personajes han traspasado fronteras.



En la región Antioqueña, de nuestro país, narran nuestros campesinos, eran seres pequeños, traviesos, con un enorme gorro, que se encargaban de atormentar a las personas de cualquier edad, especialmente a las muchachas.


. En algunos casos las picardías no pasaban de cambiar las cosas de su lugar o esconderlas; de revolcar lo que se halla bien colocado y traer noticias. En otros casos eran perversos: cuando se la dedicaban a una persona o a una familia entera, iban todas las noches a tirar piedras o terrones en una forma exagerada, que parecía un torrencial aguacero de balasto.
También “embolataban”, desorientaban o hacían perder el camino o el sendero, a sus víctimas quienes aparecían en los lugares más inverosímiles.


La siguiente historia es totalmente verídica, júzguenla ustedes.


Hace ocho días un grupo de amigos, con sus novias y esposas algunos, decidimos irnos de camping a la laguna del “Otún.”, Todo transcurría de manera normal en aquel bellísimo y gélido sitio, hasta que a uno de ellos, un empedernido mujeriego y libertino, casado, padre de varios hijos, le dio por irse solo por un sombrío y brumoso sendero, en busca de leña para el fuego.



Transcurridas varias horas y al no aparecer, comenzamos a buscarlo desesperadamente, la noche se cernía amenazadora, pero ALVARO JAIME, como se llamaba nuestro amigo, no aparecía. Ello sucedió un viernes. Pasados tres días, después, de una intensa búsqueda por la policía, la defensa civil, guardia forestal, perros entrenados y un helicóptero, apareció en su casa, donde su esposa, todo caripelado, como si nada, afeitado, bañado, con gafas oscuras, bronceado, con tufo a ron, exhibiendo un sombrero volteado y una colorida guayabera, donde se leía “San Andrés Islas”, manifestando que el duende lo había “embolatado.”¡ Es que definitivamente estos seres si existen!, y si no pregúntele a ALVARO JAIME.
Carlos Alberto Ramírez Cardona
//www.eldiario.com.co/



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