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domingo, 5 de junio de 2011

Amor apasionado y analgésicos activan las mismas zonas del cerébro

No hay, según estudios, mejor calmante para el dolor más intenso que estar enamorado de verdad.

Si hay algo personal e intransferible para los seres humanos son el amor y el dolor.

Hoy se sabe que en el cerebro ambos están profundamente relacionados, tanto, que se ha comprobado que el amor apasionado y genuino activa las mismas regiones del cerebro en las que actúan los medicamentos que calman el dolor.


No es cuento. Investigadores de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) confirmaron que cuando estamos muy enamorados se eleva un neurotransmisor llamado dopamina, que actúa de manera específica sobre los sistemas de recompensa del cerebro.

Esto se manifiesta con una sensible mejora en el estado de ánimo y una motivación permanente, que lleva al enamorado a percibir en forma positiva cuanto lo rodea.

¿Cómo lo comprobaron?

Quien se ha sentido loco de amor por otro puede decir que en ese estado nada parece hacer mella ni en lo físico ni en lo anímico, y las dolencias pasan a un segundo plano.

Mónica Villamil, administradora de 28 años, dice que ella es la confirmación de esa teoría: "Soy migrañosa como desde los 13 años; los ataques me duraban hasta dos días, con náuseas, fobia a la luz... Me botaban a la cama. A los 17 conocí a Guillermo, mi primer novio de verdad. Era más grande que yo y me moría por él. La cabeza me dolía, como siempre, pero no recuerdo que un ataque me diera tan duro como para no salir con él. Con él aguantaba más".

Los científicos que decidieron comprobar el poder analgésico del amor eligieron a 15 parejas de estudiantes como Mónica y Guillermo, es decir, en la primera etapa de enamoramiento, la fase en la que se anhela permanecer constantemente al lado del ser amado. Al producirles estímulos dolorosos se comprobó que eran menos sensibles a la molestia, es decir, que su umbral de dolor era más alto que el de los demás. Además de elevar la dopamina, el enamoramiento produce un fuerte incremento de las endorfinas, que hacen parte de la familia de la morfina y que a veces son más potentes que esta.

Las endorfinas actúan sobre receptores que en el cuerpo producen sensaciones parecidas a las que generan el alcohol, la cocaína, la nicotina, las anfetaminas y los canabinoides, curiosamente, las mismas áreas en las que se producen las adicciones.

Vale anotar que la ciencia relaciona el amor pasional con los centros de recompensa, que implican funciones primitivas del cerebro (las más viejas y que sirven para conservar la especie).

Dichas funciones comprometen estructuras profundas, que pueden bloquear el dolor mediante mecanismos similares a los de los analgésicos derivados del opio (que son los más potentes).

Esto indicaría que el enamoramiento es un analgésico natural, de vieja data, potente e inconsciente, que un enamorado percibe como un estado de bienestar del que no quiere apartarse.

¿Qué hacer para aliviar sin pastillas?

Si sufre de dolor, procure vivir acompañado de personas que le generen sensaciones gratas. Si va a consulta, trate de ir con la persona que quiere.

Dedíquele tiempo a una actividad que le resulte placentera y grata.

Ríase más y antes de ir a dormir lea cosas divertidas y vea películas de humor.

Haga alguna actividad física que le guste y le genere bienestar.

Si le entretienen los animales, adopte uno. Las mascotas aportan cariño y compañía; son analgésicas.

Desamor es doloroso
Ruptura es igual a dolor de un golpe

Científicos de la Universidad de Michigan analizaron mediante resonancia magnética los cerebros de 40 voluntarios que habían sufrido rechazos amorosos, en cuatro situaciones: la primera consistía en ver una foto de la pareja y recordar la ruptura; la segunda mostraba la imagen de un amigo asociado a una experiencia positiva; en la tercera les dieron un dispositivo que emitía un calor agradable, y en la cuarta uno que causaba dolor.

¿El resultado? La separación y el dolor activaron las mismas zonas del cerebro. Los autores infieren que el desamor puede generar dolor físico.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO
NEUROFISIÓLOGO, PTE. DE LA ASOCIACIÓN COLOMBIANA PARA EL ESTUDIO DEL DOLOR
Foto: Ilustración: Alberto Moraleswww.eltiempo.com/



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