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viernes, 18 de marzo de 2011

La lluvia de Iris

La lluvia de Iris. Marco Isaac Luna, escritor argentino. Cuento sobre la aventura de dos hermanitos.
Existe un pueblo llamado Iris, un lugar en donde nunca deja de llover, sus habitantes llevan en sus rostros el constante cansancio, de días y días de lluvia; Cabe decir que es un poblado muy triste, opacado por el cielo obscuro y gris, que jamás deja de llorar. Como imaginaran los niños, por así decirlo, son los más afectados por esta anomalía natural; no pueden disfrutar de un buen partido de futbol junto a sus amigos, saltar la cuerda, ni mucho menos jugar a los valientes exploradores que se pierden en un bosque de imaginación; ¡qué desastre!


En Iris viven dos hermanitos, Nasha de 7 años y Tami de 9 años; Nasha es tímido y callado, por su parte Tami es todo lo contrario, una hermana mayor muy introvertida. Como ya lo dije antes, en iris siempre está lloviendo, por lo cual los niños no pueden salir a jugar al aire libre, es por eso que comúnmente se encuentren ayudando a mamá en los que haceres de la casa, o a papá reparando las goteras de los techos, entre otras cosas.

Y debes en cuando, los que tienen libros en sus casas, leyendo; Nasha y Tami son unos de esos niños que pasan la mayoría del tiempo ocupados en la lectura, que no viene mal. Un día Nasha leyendo un de libro de mitos y leyendas, encontró algo que mencionaba a una tribu antigua y lo más importante que algunos de sus miembros, por medios de rituales podían hacer que llueva o dejara de llover cuando ellos quisieran; de in mediato a Nasha se le ocurrió una idea, llamo a Tami le comentó acerca de lo que decía el libro, y de lo que se le había ocurrió posteriormente, a Tami no le costó mucho hacerse la idea de que podía funcionar, seria tal vez la incesante rutina de ver por la ventana la lluvia caer, por la cual Tami no puso objeción.

La idea de Nasha consistía en investigar en qué consistía el ritual y luego ponerlo en práctica, pues así lo hicieron. Una tarde, aun lluviosa, Nasha y Tami tenían todo preparado, el plan era el siguiente debían dirigirse al punto más alto de la zona, luego trazar un círculo y en el centro encender una fogata, sentarse junto a ella y después arrojar polvo mágico a las llamas, al tiempo que hacían su pedido al Dios de los cielos. Llegado el momento Nasha y Tami se escabulleron de su casa, sin que sus padres lo notaran, se dirigieron al punto más alto del lugar, que resultó ser un pequeño cerro aislado del pueblo.

Aunque era pequeño resultaba peligroso escalarlo ya que la lluvia hacía que todo fuera resbaladizo, Nasha y Tami se tomaron de las manos y comenzaron escalar, era un ascenso lento, pero convenía no apresurarlo, ya que un pequeño desequilibrio o resbalón podría hacer que los niños rodaran cuesta abajo.

Cuando se encontraban a punto de alcanzar la cima, Nasha resbaló deslizándose por la pendiente, afortunadamente logro sostenerse a una débil raíz que en cualquier momento sedería ante el peso que infringía el niño, Nasha comenzó a emitir gritos, más bien llantos de desesperación, pero Tami quien había mantenido la calma, por suerte, descendió lo más rápido que pudo hacia donde yacía Nasha sostenido de la frágil raíz.

_ Cálmate Nasha, ya estoy contigo. Dijo Tami mientras sujetaba a su hermanito de la mano.

_ ¿Eres tu Tami?, ¡por favor no me sueltes! Dijo Nasha aferrándose con fuerza a la mano de Tami.

Cabe mencionar que la lluvia lo dificulta todo. Después de tantos esfuerzos de Tami por levantar a su hermano y mantenerse en equilibrio, logro ponerlo a salvo, para su fortuna, solo con leves rasguños. Tami quien se mostró fuerte al momento de tomar la decisión de ayudar a su hermano Nasha, aún a costa de correr la misma suerte; ahora que se encontraban los dos a salvo, abrazó fuertemente a Nasha, con lágrimas en los ojos y exclamó:

_ ¡Pensé que te perdía tontito! Nasha sorprendido y aturdido por la situación, abrazó fuerte a su hermana y dijo:

_ Gracias. ¡Te quiero mucho Tami! Tami solo sonrió, y siguió abrazándolo.

Después de este momento emotivo, Nasha y Tami se dieron cuenta, que sin querer habían llegado a la cima del cerro y de inmediato se dispusieron a llevar a cabo su objetivo, trazaron un círculo, amontonaron unos pedazos de ramas mojadas en el centro, luego Tami extrajo una botella llena de un liquido azul verdoso de la mochila que llevaba en la espalda, la destapo y luego roció con el liquido las ramas amontonadas, se alejo un poco, extrajo una bengala de la mochila, la encendió con dificultad y la lanzó hacia el montículo de ramas, la combustión no se hizo esperar, de inmediato una enorme llama creada por una pequeña explosión ardía fuertemente, ni la lluvia podía extinguirla.

Los dos niños se miraron por un instante y asintieron con la cabeza, se acomodaron cerca del fuego quedando los dos frente a frente, claro separados por la fogata; extrajeron unos saquitos de sus bolsillos y sin más retrasos empezaron a avivar el fuego con polvo mágico, mientras repetían:

_ ¡Oh! Dios de los cielos, aquí dos niños te suplican que detengas esta lluvia, que entristece nuestro pueblo, que abruma los corazones y que nos aprisiona en nuestros hogares,

- ¡Oh! Gran dios, por favor escúchanos.

Repitieron varias veces estas palabras, a la vez que arrojaban polvo mágico al fuego. No sé si fue magia o si el Dios de los cielos los había escuchado, pero sin darse cuenta la lluvia se detuvo por completo y las nubes comenzaron a marcharse, abriendo paso a un hermoso crepúsculo otoñal, los niños se miraron fijamente, pero esta vez con una sonrisa en sus rostros, sin dudarlo más se levantaron y echaron a correr colina abajo, sin hacer caso del peligro que esto implicaba.

Al llegar al pueblo se detuvieron al ver que todos salían a ver el milagro que se presentaba ante sus ojos, los niños saltaban en los charcos riéndose a carcajadas, mientras que los adultos observaban el horizonte, con expresión de esperanza en sus rostros. De entre la multitud salieron dos personajes conocidos, los padres de Nasha y Tami, los cuales traían unas caras de preocupación que ni les cuento; al verlos Nasha y Tami volvieron a mirarse uno al otro, pero esta vez los dos se tomaron de las manos, y sonriendo echaron a correr hacia sus padres.

Se preguntaran de dónde sacaron el polvo mágico Nasha y Tami, pero lo cierto es que solo se trataba de huesos calcinados, posteriormente molidos. Eso si no hay que olvidar que los niños depositaron toda su fé y esperanza en él. Tal vez eso es lo que lo convierte en mágico; ¿no crees lo mismo?

Fin

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