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sábado, 8 de octubre de 2011

La leyenda de Urashima

Las desapariciones de personas, producto de una fuerza desconocida que no pertenece a nuestra tercera dimensión, no sólo se llevan a cabo en América. Sucede en todo el mundo. Son famosas las disipaciones que se producen en el Triángulo de las Bermudas. También aquellas que se llevan a cabo en la noche de San Juan (24 de junio), fecha en que se abren las puertas encantadas que conectan a otras dimensiones. Pero en Japón también se ubica un gemelo del Triángulo de las Bermudas, me refiero al Triángulo del Dragón. De 1952 a 1954, la fuerza naval nipona perdió en esas aguas, localizadas a 100 kilómetros de Tokio, cinco buques de guerra y más de 700 marinos. Esto motivó al gobierno japonés a tratar de llevar a cabo un serio sondeo en esas aguas para determinar lo que ahí pasaba.
El buque Kaio Maru 5, en 1955, fue abastecido con lo más selecto de la tecnología de la época y un centenar de científicos que se encargarían de llevar a cabo la investigación; además embarcaciones de la marina serían las encargadas de custodiar al buque, para evitar imprevisto alguno. Todo marchaba bien, al adentrarse a las aguas del Triángulo del Dragón, de repente se desató una espesa niebla que impedía la visibilidad a pocos metros de distancia. Por fin, al disiparse la bruma, ¡oh sorpresa! El Kaio Maru 5 y su tripulación habían desaparecido sin dejar rastro alguno. Desde hace un milenio, los habitantes de los alrededores dicen que en el fondo de esas aguas existe una ciudad, donde el tiempo está detenido. Existe una puerta que permite el acceso a dicha urbe y quienes han ingresado a ella ya no regresan y viven en una inmortalidad, gozando de las dichas de ese lugar encantado. Cuenta una leyenda japonesa que hace muchos años, vivió en esas costas un joven pescador, de corazón noble, olvidadizo y con mucha habilidad para manipular los instrumentos de pesca. Cierto día, junto con su barca, se lanzó al mar a buscar el sustento de su familia. Al recoger las redes, observó que la diosa fortuna le estaba sonriendo porque estas venían llenas con la preciada carga marina. Entre lo pescado, estaba una inmensa tortuga color verde, con esa cantidad de carne tendría asegurado por varios días el alimento para él y sus padres. Urashima observó detenidamente a la tortuga, sintiendo algo especial por ella. Pudo más el sentimiento y la devolvió al mar. Al poco tiempo, un sopor comenzó a invadirlo y quedó dormido. En el sueño observó que entre las olas emergía una hermosa doncella que abordó la barca y le dijo: "Soy la hija del dios del mar. Fui yo, quien bajo la forma de una tortuga, se enredó entre tus redes de pesca y generosamente devolviste al mar. Esta acción tan noble no puede quedarse sin recompensa. Te invito a acompañarme al Palacio del Dragón, donde vivo con mi padre, cuyo suelo de coral nunca ha sido pisado por ser humano alguno". La princesa se sentó a un lado del pescador, tomó uno de los remos y entre ambos remaron y remaron adentrándose al océano, hasta que divisaron las torres del palacio de la bella. Este se alzaba sobre un majestuoso islote, gigantescos árboles con hojas color esmeralda adornaban la entrada; las puntiagudas y gigantescas torres se retorcían y elevaban hasta las nubes; las paredes eran de coral rojo, el cual parecía haber nacido ahí, para honrar a su soberano. Desde ese lugar el señor gobernaba todas las especies marinas y ejercía potestad sobre las aguas, ahí vivió Urashima rodeado de los habitantes del palacio y en la convivencia diaria con la princesa; se enamoró perdidamente de ella y con el consentimiento del soberano, se casaron. A pesar de vivir rodeado de tanta felicidad y amor, Urashima sintió nostalgia por sus progenitores. Fue madurando la idea de visitarlos y llegado el momento, lo hizo saber a su amada. Grande fue el sobresalto de la princesa al escuchar esas palabras. No podía oponerse al deseo de su amado, y antes de partir, le entregó una pequeña cajita de madera, diciéndole que cuando quisiera regresar a su lado lo hiciera, pero que jamás abriera esa cajita que le estaba entregando. Al tener en sus manos la cajita, Urashima sintió que su vista se nublaba, una somnolencia se apoderó de él y al despertar, nuevamente estaba en su barca, junto con todos los instrumentos de pesca. Según él habían transcurrido unos instantes en los que se quedó dormido. De inmediato se dirigió a la playa, ancló el bote y se dirigió a casa de sus padres; notó que todo había cambiado. Casas nuevas al igual que caminos lo desorientaban. La casa de sus padres ya no estaba en su lugar. Pasó un lugareño y de inmediato preguntó por sus padres. El hombre respondió que no los conocía, pero una chispa de recuerdo llegó a su mente y dijo: "¿Te refieres a los padres del pescador que salió al mar y nunca regresó? Eso pasó hace mucho tiempo, antes que yo naciera; esos padres murieron hace un poco más de 300 años". Hasta ese momento comprendió Urashima que lo que había vivido no era un sueño. Ahora no sabía cómo regresar al lado de su amada. Olvidó la advertencia y abrió la cajita de la que emergió una nube, que se deslizó hacia el horizonte, corrió tras ella pidiéndole le esperara, le costaba correr llegar a la playa, miró que la nube se perdía en el horizonte. Entonces observó que su cuerpo estaba arrugado, como el de un anciano de centenas de años. Sin fuerzas, quedó tendido en la playa y al poco tiempo murió extrañando a su amada. Ya no regresó al Palacio del Dragón, pudo más su añoranza por volver al mundo, donde el tiempo transcurre y los humanos mueren al paso de los años.

/www.oem.com.mx/



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