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viernes, 4 de noviembre de 2011

Puebla: leyendas de espíritus que rondan por casonas y calles Cristóbal Lobato

En algunos edificios antiguos se puede percibir el cosquilleo en los brazos y la adrenalina

Puebla, como toda ciudad antigua, guarda leyendas de espíritus chocarreros y cosas sobrenaturales, las cuales causaron en su momento asombro de la gente que habitaba allí. En la actualidad se empiezan a perder dichos mitos, pero al pasearse en las noches por estos edificios se puede percibir el cosquilleo en los brazos y la adrenalina corriendo por la sangre, al tiempo de sentir el corazón agitado, así los describe el arqueólogo Eduardo Merlo Juárez.


La famosa casa de Raboso (actualmente edificio de salubridad en la 4 oriente) es muestra de ello: “Se dice que Don Miguel Raboso era tan ostentoso que mando a hacer su casa con mucha elegancia y cuando estuvo a punto de terminarse el inmueble, de pronto se murió y no la disfrutó, pero ya de muerto se dice que se paseaba por los pasillos de la casa con su peluca de doble bucle y su ropa elegante”, relató el también historiador.

Al menos 100 inmuebles ubicados en Puebla guardan entre su muros historias de espectros que rondan por las habitaciones, es el caso del Museo San Pedro, donde se dice que un caballero y una niña son los residentes del edificio:

“Otra de las leyendas es la de Las Monjas de Santa Mónica (se encuentra en la esquina de la 5 de mayo y la 18 poniente); se les miraba caminar por los claustros, bajaban las escaleras y atravesaban los muros, lo que les provocaban un terror a las monjitas que habitaban ahí, posteriormente se convirtió en un museo y los guardias siguen asegurando que ven espectros y escuchan gemidos”, apuntó Merlo Juárez.

La plazuela de los Sapos no podía quedar fuera de los lugares favoritos para los fantasmas, pues se dice que ahí era la zona favorita de la llorona:

“Se dice que a los borrachitos se les aparecía una mujer muy bonita que les cerraba el ojo se llevaba a los teporochitos al lodazal de la plazuela de Los Sapos y cuando alcanzaban a la mujer, descubrían que era un esqueleto totalmente descarnado por lo que caía ahí desmayados y unos muertos del susto”, comentó para después agregar que dicha mujer de velo blanco también se aparecía en La Merced y El Parral, entre otros puntos de la ciudad.

Existe también la leyenda de la serpiente que bajaba de La Malinche, misma que cruzaba las calles para devorar a todos los que andaban en la noche.

Estas leyendas servían para advertir a la gente que no saliera de sus casas a altas horas, pues casi no existía luz artificial y lo típico para alumbrar en la oscuridad eran los faroles. Hoy en día las luces de la ciudad y la vida de noche de los jóvenes han dejado atrás esos mitos, aunque algunas personas aseguran que los espectros siguen ahí.

/periodicodigital.com.mx/



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