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martes, 25 de mayo de 2010

Cuenta la leyenda que había un ermitaño... En origen la celebración en el monte era la de San Juan Ante Portan Latinan

En las fiestas de San Juan del Monte la tradición popular se mezcla de manera absoluta con la tradición religiosa, tanto, que lo religioso convive sin problemas con tradiciones más profanas, e incluso se adopta la figura del ermitaño San Juan del Monte como un verdadero santo al que los mirandeses le tienen gran devoción.
No es un santo canonizado por la Iglesia, pero lo es en la tradición religiosa local, en el sentimiento de los mirandeses, de los creyentes y hasta de los que no lo son. Para los sanjuaneros, ese eremita es tan santo como los demás, y aunque ermitaños ocupando la gruta del Monte de Miranda hubo muchos, cientos, San Juan del Monte sólo hay uno, y por siempre lo será.
Cuenta una leyenda extendida por Miranda y su entorno que habla de tres hermanos de religión, San Formerio, San Felices y San Juan del Monte que estaban bajo la dirección espiritual de Domingo García, Santo Domingo de la Calzada, y que dada la competencia que ambos manifestaban decidió enviarles a cada uno a un monte para vivir como ermitaños.
Así, San Juan del Monte se instaló en Miranda, San Formerio junto a Pangua (Condado de Treviño) y San Felices en los riscos de Bilibio, en Haro. Desde allí, los tres tenían visión directa unos sobre otros, y con el humo de sus hogueras se comunicaban…
Es una leyenda, una historia bella y tradicional que ha perdurado, pero que en el fondo es una narración literaria que ha servido para unir a los tres santos o ermitaños.
La realidad la aporta la documentación histórica, que difiere en mucho de la popular leyenda. Y es que los tres personajes no fueron coetáneos, lo que imposibilita esa supuesta comunicación desde los tres montes que poblaban. San Formerio vivió en el siglo III, San Felices de Bilibio entre el V y VI, y en el monte de Miranda hubo ermitaños, sí, pero varios y durante siglos. Es más, de la documentación encontrada no se ha podido comprobar que algunos de los ermitaños se llamase Juan.

El origen

Entonces, ¿por qué el nombre de San Juan del Monte? De nuevo hay que buscar en las páginas escritas de la historia para comprobar que la fiesta que se celebraba originalmente era la de San Juan Ante Portan Latinan, en devoción al apóstol y evangelista Juan, fiesta que conmemora un pasaje de la vida de San Juan Evangelista en la que fue condenado a muerte en una caldera de aceite hirviendo, martirio del que salió rejuvenecido. Se hacía allá por el 6 de mayo con una romería al monte y de esa celebración surgió con el paso de los años la fiesta de San Juan del Monte.
Pero leyenda o realidad lo verdaderamente cierto es que los mirandeses ya sólo tienen un nombre en su corazón: San Juan del Monte. El eremita, el Santo, al que se venera y reza, el que concede logros para sus devotos, ese por el que una ciudad, al unísono, grita cada año por estas fechas ¡Viva San Juan!

G.A.T. / Miranda de Ebro



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