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lunes, 6 de agosto de 2012

Senbazuru, mil grullas de papel


Una leyenda japonesa dice que si se hacen mil grullas de papel, una de ellas nos concederá un deseo.
Conocí la historia a través de una persona muy especial, -y es tan hermosa-, que no puedo sino compartirla.

Sadako Sasaki era una niña que vivía cerca del Puente Misasa en la ciudad de Hiroshima, Japón. Fue la primera hija de una familia de clase media, su padre tenía una peluquería.

Cuando ella nació, el país se encontraba en plena guerra y su padre fue reclutado en el ejército, por lo cual su madre tuvo que hacerse cargo del negocio para sostener a la familia.

Apenas había cumplido dos años cuando se lanzó la bomba atómica sobre su ciudad el 6 de agosto de 1945. En el momento de la explosión se encontraba en casa con su madre, aproximadamente a 1.7 km de la zona cero. Su progenitora la tomó en sus brazos y juntas pudieron escapar sin lesiones y se refugiaron bajo el cercano puente, donde pudieron guarecerse de la pertinaz lluvia ácida que siguió a la detonación.

Al poco tiempo se dieron cuenta de que tuvieron mucha suerte, ya que inexplicablemente pudieron salir ilesas puesto que su casa quedó en ruinas. Debido a esto se mudaron durante algún tiempo a la casa de un familiar en la localidad de Miyoshi, cercana a Hiroshima.

Sadako creció y se convirtió en una chica sana y con mucha energía. En su escuela pertenecía al equipo de gimnasia y atletismo, de hecho en sus participaciones llegó a imponer un récord de velocidad para los 50 metros planos en su categoría. Su sueño era convertirse en profesora de Educación Física.

En 1954, a la edad de 11 años, mientras se entrenaba en una pista, empezó a sentirse mal y se desmayó.

Le fue diagnosticado leucemia, conocida en ese entonces como “enfermedad de la bomba atómica”, ya que se la asocia directamente con la radiación.

Al ingresarla al hospital, los médicos hablaron con su padre, sin titubeos le dijeron:

“La situación de Sadako es grave, debe ser hospitalizada inmediatamente. Con fortuna, puede ser que le quede un año más de vida”

Pasaron los meses, y Sadako no sabía cómo ocupar su tiempo en el hospital, se aburría a pesar que su enfermedad le permitía hacer una vida más o menos normal. Se dedicaba a caminar por los pasillos y jardines del centro médico donde era ya una paciente conocida.

Un día de agosto mientras recibía la visita de su mejor amiga, Chizuko Hamamoto, esta le preguntó a Sasaki:

“¿Recuerdas aquella historia que dice que si logras hacer 1000 grullas de papel con el arte del origami, los dioses te concederán un deseo que se hará realidad?”

Entonces Hamamoto plegó una pieza de papel dorado una y otra vez formando una hermosa ave. Se la entregó a Sadako y le dijo: “Aquí está tu primera grulla”

Doblar grullas en origani no es tarea fácil como parecería, pero en los días siguientes, después de que su amiga le enseño la forma correcta de plegar el papel, empezó a hacer tantas como podía.

Como eran una gran cantidad de pajaritos los que tenía que hacer no había suficiente material debido a que todo el país se encontraba en recesión y tuvo que ingeniárselas para encontrar otras fuentes de papel, y de esa forma empezó a utilizar todo lo que tenía a su alcance en el hospital: cajas de pastillas, etiquetas, recetas, envolturas de golosinas, cartas, sobres etc…

Sadako tenía la esperanza de que los dioses le concedieran el deseo de volver a correr de nuevo. Sin embargo, pensó que no sería justo pedir la curación sólo para ella, y pidió que el esfuerzo que iba a hacer sirviera también para traer la paz y la curación a todas las víctimas del mundo.

Pasó el tiempo y el número de grullas iba aumentando, pero el estado de Sadako empeoraba, su piel empezó a amoratarse, perdió el apetito y físicamente se debilitaba cada vez más. Ya había pasado ocho meses en el hospital y su familia la visitaba asiduamente al igual que sus compañeros de clase.

El 25 de octubre Sadako hizo un enorme esfuerzo para comer y apenas probó el arroz. Su madre le preguntó tras un par de bocados si el arroz estaba bueno y Sadako respondió: “está rico mami”. Esas fueron sus últimas palabras, pues la niña murió poco después de que su familia dejase el hospital tras la visita. Sadako había conseguido hacer solo 644 Grullas de papel.

Tras su muerte, sus compañeros del colegio impactados por la pérdida hicieron pública la historia de Sadako para honrar su memoria. Esta tuvo un impacto social muy fuerte, miles de niños en todo Japón sintieron la necesidad de completar la labor de Sadako, y el día del sepelio fue enterrada con sus 644 Grullas de papel, pero más de diez mil grullas de colores de miles de niños de todo el país adornaron su lápida.

La sociedad entera decidió dedicarle un monumento donde se representaría a Sadako sosteniendo una grulla dorada en su mano, la que también sería dedicada a todos los niños que murieron a causa de las bombas atómicas.

Su estatua se encuentra en el Memorial de la Paz de Hiroshima desde 1958, y en la base está inscrito: “Éste es nuestro grito, ésta es nuestra plegaria; paz en el mundo”

Hace 64 años ya, se liberó por primera vez la energía del átomo sobre población civil. Ojalá que esta plegaria siempre esté latente y sea un triste recordatorio de algo que no debe suceder nunca más…



Fuente: http://www.sentadofrentealmundo.com/2009/08/las-grullas-de-papel.html#ixzz22UqSTDvk
http://www.monicadesimone.cl/



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